A n i ma l d i to s – Kobda Rocha

E l m u n d o g i r a , g i r a y j i r a f a

L a r a t a

V i e j a C a n g r e j a

L o m b r i z c o m o u n i n f e l i z

C o br a d e ar t e

El ser humano, desde una perspectiva darwinista, comparte con los animales la misma herencia familiar. No somos una especie superior, no somos los favoritos de dios, no somos los únicos que mueren, no somos los únicos que viven. La evolución no nos ha favorecido más que a las cucarachas o a las ratas; pues, por más tecnología, ciencia, arte y filosofía que desarrollamos, aún no nos podemos deshacer de tales plagas.

Estamos ligados a los animales, en esencia, por los instintos. La naturaleza humana podría describirse con fácil simplicidad a través de la fauna y sus características: la pereza del león, las mañas del alacrán, la furia del tigre, la audacia del ratón, la astucia del zorro, la sabiduría del búho, la absurda vida de la mosca, la belleza del caballo, la suerte del perro, la risa de la hiena, las lágrimas del cocodrilo, los sueños del gato, la brutalidad del tiburón, la memoria del elefante, la inteligencia del delfín, la gula del marrano, el sexo del burro, los complejos del gusano, la tristeza del cangrejo, la timidez del camaleón, lo baboso del caracol, la histeria del hámster, la genética del simio, etcétera. Los humanos, desde una perspectiva biológica, somos otra especie más del inmenso y variado reino animal. La única diferencia entre los humanos y los animales es que nosotros, siendo iguales a ellos, creemos que somos diferentes… o peor: que, siendo diferentes, creemos que somos iguales.

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