El "Design Week México" o la sobreexplotación del Trendy

Hace tiempo escribí “Encuentro más arte en el Design Week (México) y más diseño en el Affordable Art Fair (México)”; en ninguno de los casos era un cumplido, por el contrario. Años después, mi percepción no sólo no cambia sino que empeora. Y es que, aunque en cada nueva entrega del DWM  el éxito comercial y mercadológico aumenta, su calidad disminuye.

     La exagerada explotación se hace evidente y el abuso es su común denominador: los cobros, aunque simbólicos, se convierten en significativamente absurdos ante la pobre calidad de lo exhibido, el exceso de anuncios y patrocinadores, la sobreventa de stands, marcas y productos y  la falta de innovación: la saturación y repetición de tendencias es lo que abunda.

     Mucha decoración Raw, estilo industrial y estilo “bohemio” (hipster) o Vintage Moderno; con maderas naturales, herrería, concreto y materiales rústicos y reciclados. Muebles con diseños rectangulares, lámparas de tripiés, focos retros, etcétera. El exceso de lo básico, lo austero y lo esencial que raya en lo mediocre y mal hecho: prueba de ello las tristísimas Esculturas Efímeras del Parque Lincoln, digna de estudiantes de secundaria o preparatoria.

En síntesis, el DWM es un tianguis de “más con lo mismo”, a precios estratosféricos, donde el diseño es lo último que destaca; aquí lo importante, es la presunción del status, estar en lo “Trendy” y ser parte del intangible colectivo de lo “In”; es el “wannabe” en su máxima expresión. Evidentemente el resultado de la intención florece y encuentra eco en las legiones de incautos, estudiantes y profesionales del gremio del diseño (interior, textil e industrial) que afanosamente acuden al “evento” sin saber con exactitud a qué van: muestra, exposición, exhibición, feria o un extraño híbrido que termina por ser todo y nada.

     Sí encontré contadas excepciones y pequeños grandes esfuerzos de algunos participantes. Lo mejor fue la “Design House” que penosamente no pudo lucir su belleza natural y de diseño debido a lo reducido de su espacio y la saturación de visitantes.      

     Esto me recuerda a los convenios en los museos de Arte y Moderno y Tamayo, en donde además del cobro y las pésimas propuestas expuestas se combinaban con las horribles exposiciones que ambos museos mostraban.  Nunca antes salí tan molesto y decepcionado de un museo (en esta ocasión dos). En ambos casos, la falta de curaduría, museografía, planeación y sentido mostraban con claridad la prostitución de organizadores, autoridades e instituciones cuyo único interés en el tema es el de lucrar.

     Para mí, el Design Week México es un evento snob y elitista donde los organizadores ganan y el público amante del diseño pierde. Este evento demuestra que, no sólo no está a la altura de sus pretensiones sino que ha olvidado y abandonado su esencia.

     Espero que para el próximo año los involucrados puedan recordar el espíritu prístino que los llevo a comenzar tan valioso esfuerzo y recompongan el camino para ser realmente merecedores de ostentar el título del “World Design Capital CDMX 2018”.

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