¿Una buena parodia tiene el éxito garantizado? (2/2)

Héctor Javier Pérez Monter

(Viene de aquí)

CONTRARIO A LA PARODIA, LA INVESTIGACIÓN SOCIAL

Definitivamente, un género contrario a esta literatura de ficción que construye parodias es la investigación social, que armada con las teorías que conforman el actual andamio teórico social y económico de nuestro tiempo, busca el verdadero trasfondo de las acciones humanas, colectivas o individuales, tanto del presente como del pasado.

Este impulso científico social, sobrio y comprometido con la verdad histórica, contrario totalmente a la introvertida y profusa creatividad artística de la literatura, trata de desentrañar las motivaciones auténticas que desataron algunos momentos claves del devenir.

Armado en el fondo con un sólido materialismo histórico y comprendiendo que en los grandes pasos de la humanidad, ha sido mayor el impulso por buscar la riqueza que la igualdad, el periodista o el científico social contemporáneo arma un esquema coherente de alianzas y conveniencias mutuas, entre naciones, familias, empresas, grupos o individuos, que explican los flujos materiales, de mercancías, personas y capitales, y colateralmente efectos culturales, como el traslado de costumbres, ideas, lenguas y hábitos.

Para estudiar el presente, una muestra cumbre de investigación periodística es el caso Watergate, que bajo la guía de “garganta profunda” con su simple consejo “fallow the money” hizo que los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward lograran armar toda una estructura de mandos que llegaron hasta el Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, y que sin proponérselo devino en su posterior renuncia, en 1974.

Para estudiar sociedades antiguas, ciertas disciplinas como la antropología, la arqueología y la historia del arte, se debaten en la construcción y comprensión del contexto social de algunas culturas mesoamericanas. Al agotarse las pocas fuentes directas de la historia, estas disciplinas recurren a los descubrimientos y los avances que van obteniendo, a través de las excavaciones y el análisis de diversos vestigios, que por cierto han sido muchos y muy notables. Pero aún hay bastante trabajo por hacer, revisar y contrastar, antes de dar un paso en la construcción de esos contextos sociales.

Ciertos investigadores extranjeros, con todo respeto a sus altos estudios y especializaciones, a veces plantean para Mesoamérica algunas teorías que muy bien aplicaron en las condiciones evolutivas propias de Asia y Europa, o simples juicios de valor que no vienen a este contexto. Uno de ellos es llamar infanticidio al sacrificio de niños, habitual en tiempos prehispánicos. Otra de esas persistencias es tratar de encontrar rastros de gobernantes en Teotihuacán, “rulers”, como abundan en el área maya, para explicar el alto grado de avance social, militar, comercial y artístico de esta ciudad del altiplano; porque les resulta inconcebible que esta cultura haya tenido tantos progresos o haya logrado una notable cohesión social, sin el impulso megalómano de un gobernante.

Si hubiera que anotar una anti-parodia en México sin duda sería Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel, donde el género trágico que imprimió el director surrealista hizo que los personajes solo tuvieran la opción violenta de matar. Pero en la exhibición del filme, además de su momentáneo fracaso en taquilla, se armó todo un escándalo por considerarla insultante para la sociedad mexicana, pidiendo incluso la expulsión del español.

Para vergüenza de la industria cinematográfica nacional y de su público, poco después Buñuel ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, por lo que se volvió a exhibir para lograr su recuperación en taquilla y hoy es considerada una de las 100 joyas de la cinematografía mundial y la segunda mejor del cine mexicano.

 

HOLLYWOOD Y LAS PARODIAS

Llegamos al campo más fértil de las parodias en la actualidad, Hollywood, la principal industria del cine contemporáneo. Aquí la parodia es un recurso muy valioso para crear historias y contextos cercanos a la gente y sus estilos de vida actuales. A falta de un minucioso recuento de películas, en el cual se podrían cometer muchas injusticias, propongo algunos pocos ejemplos que sin mebrgo considero contundentes.

Quizá una de las primeras parodias de Hollywood es El Mago de Oz (1939) una historia de origen infantil y musical, que se desarrolla en las praderas de Kansas, lugar que entonces expulsaba a sus endeudados granjeros y tradicional campo de fieros tornados. Tomando como base el fenómeno de la migración interior hacia las ciudades, se hace parodia de las aspiraciones de una niña que intenta salir de su ahogada comunidad, con sus naturales esperanzas e incertidumbres de viaje. Después de un enredo que involucra varios elementos simbólicos, como la inteligencia, la valentía y el corazón, además de unos enigmáticos zapatos rojos, al final la niña desiste de su deseo de migrar, bajo una frase lapidaria que se convierte en moraleja condenatoria: “No hay lugar como el hogar”.

Si las necesidades demográficas de los Estados Unidos, al final de la Gran Depresión eran, entre otras, mantener arraigada a su población rural, no pudo haber mejor campaña que esta película, la cual está muy lejos de ser un aburrido análisis sociológico, o al menos serio y racional, de la situación de los granjeros norteamericanos.

Ya en el nuevo milenio, la película de dibujos animados Madagascar (2005) es otra de las parodias más impactantes de Hollywood, donde los animales del zoológico de Nueva York, quizá por estar en esa ciudad, precisamente tienen el permiso de asumir los roles sociales de sus habitantes “singles” o “yupies” los más estereotipados y delineados ya anteriormente en varias exitosas sitcoms televisivas, como Friends o Seinfeld, entre otras.

De esta manera, un león intelectual, una cebra andrógina, una pandilla de pingüinos, una jirafa boba o inculta y una hipopótama histérica, entre otros, representan una gama de personajes típicos de cualquier ciudad. En esta comedia se parodian algunos valores ecologistas, que casualmente están entre las aspiraciones más perseguidas del actual estilo de vida urbano, al menos en Nueva York, y resulta irónico que sean animales y no personas, quienes las encarnen.

La historia está muy lejos de retratar los ambientes feroces de la naturaleza africana, donde la competencia normalmente es por no ser alimento de otros. Al contrario, aquí las relaciones entre los personajes se vuelven máximas de urbanidad y pretenden enaltecer la conciliación y la colaboración, para encontrar el lugar social al que todos tienen derecho. Así el león se siente culpable de haberse querido comer, por un momento, a su amiga la cebra y los pingüinos se dan cuenta que el Antártico es horrible. Al final todos quieren regresar a Nueva York.

Entre las parodias más impactantes y recientes de Hollywood se cuenta Los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012). ¿Parodia de qué? De una etapa “gloriosa” de la televisión mundial, los “reality shows” de concurso. La autora misma (de la novela) Suzanne Collins, dijo que la idea le surgió al zapear en su televisor, entre un reality show de concurso y un documental de guerra. Posteriormente arrancó la novela tomando como base, de la mitología griega, la historia de Teseo y el Minotauro.

El formato de reality show de concurso que ha sido probado prácticamente en todas las culturas contemporáneas, ya había sido retratado anteriormente en otras películas, como Truman Show (Peter Weir, 1998) y ¿Quién quiere ser millonario? (Danny Boyle, 2008). Si bien aquellos abordajes retoman el tema en tiempo presente y transforman las condiciones del formato original para obtener una posibilidad narrativa diferente, en Hunger Games (HG) se construye una situación futurista con un país ficticio que hace más lejano y oculto el género televisivo. HG es una parodia de todas las variedades probadas hasta el momento del reality show, con mayor énfasis en el concurso de canto, quizá el más exitoso y cumbre del formato.

Además de las situaciones de combate, ya conocidas y manejadas en un circo romano, con Espartaco (Kubrick, 1960) y Gladiator (Ridley Scott, 2000) las cuales se han llegado a parodiar hasta en la lucha libre (WWR, etc.) en HG se “calcan” las situaciones propias de un reality show de concurso de canto, comenzando por la eliminación (muerte) gradual de los participantes; las crisis al interior de los equipo de asesores y managers; las cavilaciones y decisiones de los productores sobre el rumbo del programa; la cobertura del escenario con innumerables cámaras; las posibilidades que brindan los patrocinios externos a cada equipo; la conducción y manejo humorístico y relajado de las entrevistas a cada participante, entre otros tantos aspectos que se incluyen en la película para que sean totalmente reconocidos y adoptados emocional-racional y lógicamente por el auditorio contemporáneo.

El poder de esta parodia radica precisamente en la sofisticada confección de un grueso manto futurista y ficticio, que cubre una sencilla historia de gladiadores, pero con toda la mecánica y la secuencia de acciones emotivas, propias del formato más actual de la televisión en vivo, donde el público contemporáneo se siente cómodo ante el reconocimiento de todos estos elementos.

 

¿Una buena parodia tiene el éxito garantizado?

Cada nación cuenta con un acervo de mitos, leyendas y héroes, en torno a los cuales se constituye su historia patria y nacionalidad. Y no hablamos de la historia oficial sino de las que cuenta el pueblo. Habría que estar atento a cuáles son éstas, encontrarlas, repasarlas y reconocerlas en la imaginación y la narrativa popular.

Algunas de estas historias, mitos o leyendas trascienden más allá de las fronteras de esos países y otras son categóricamente universales.

Para lograr una buena historia fílmica o televisiva, las parodias son un recurso muy poderoso para cubrir con ropajes sencillos o sofisticados, lo trágico con lo cómico; la aburrida realidad con una divertida ficción, o cualquier otra alusión, directa o fina, que derroche ingenio, observación y talento.

Cada país tiene una historia propia que tal vez le gustaría ver parodiada en sus productos culturales, por lo que seguirá existiendo, siempre, una gran oportunidad para percibir, crear y transformar esas grandes historias, en grandes parodias.

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